Cada vez más agricultores en España apuestan por el avellano

En el consultorio agronómico gratuito de Sembralia, recogemos una pregunta a José Antonio Sotomayor (ingeniero agrónomo) sobre el cultivo del avellano, de larga tradición en nuestro país, aunque minoritario.

El avellano (Corylus avellana L.) junto con otros frutos secos como nuez, nogal o almendro, es uno de los cultivos más antiguos del mundo para la producción de fruta seca. Árbol originario de Mesopotamia, área geográfica del actual Irán, Irak y Turquía. Esta especie, vive y fructifica en estado selvático en toda Europa, en particular sobre colinas y sectores de pendiente en cerros y a lo largo de senderos y riachuelos. Las avellanas (frutos de esta especie) fueron utilizados por el hombre desde fines del periodo glacial, es decir mucho antes del olivo y la vid.

Tradicionalmente el avellano ha ocupado tierras marginales y de elevada pendiente, donde con frecuencia no existe un cultivo alternativo. Pese a sus reducidos y variables rendimientos, el avellano ha contribuido en muchas zonas de España a complementar las rentas de los agricultores, además de haber jugado un importante papel en la conservación de los suelos.

Clima y temperatura

La exigencia de tipo de clima varían con los diferentes cultivares, habiendo cultivares con un menor grado de tolerancia al clima, y a la vez, otros con un mayor grado de adaptación a diferentes condiciones. Como norma general, las temperaturas medias anuales deben situarse entre 12 y 16º C, siendo las temperaturas mínimas invernales no inferiores a -8ºC. El cultivo de avellano debe acumular un mínimo de 700 horas de frío por debajo de 7ºC. En verano el avellano sufre mucho cuando la temperatura sobrepasa a la sombra los 30ºC.

Por lo general, el avellano prefiere localizaciones aireadas con una temperatura elevada unida a cierto grado de humedad, ya que favorece la fructificación y el desarrollo de las avellanas. Para buena polinización conviene que en los meses de enero febrero se produzcan vientos frecuentes bastante secos. En otoño se puede perder una parte considerable de la cosecha por tormentas, que hacen correr el agua por las laderas e inundan los hondos. El fruto del avellano crece mucho de mayo a junio, el grano crece en julio y agosto, si en estas fechas no puede contar el árbol con humedad suficiente, la cosecha será deficiente, es preciso regar a resignarse a perder parte de la cosecha posible de avellanas.

Aunque las características del avellano le permiten ser plantado en zonas castigadas por heladas que no se adaptan a otros frutales, es más seguro plantarlos en localidades libres de heladas. El avellano aguanto las frías temperaturas en floración durante el invierno, pero son peligrosas las heladas tardías en abril, cuando el avellano ya está brotando, estas reducen el número de yemas en el racimo y brotes suculentos.

Suelos

El avellano es una especie conocida por su rusticidad, ya que se ha adaptado a diversas condiciones edafoclimáticas. Sin ser un cultivo muy exigente, este encuentra sus condiciones óptimas en profundidades superiores a 50 cm, en suelos fértiles con una textura ligera o franca. En cuanto al pH el rango óptimo se encuentra entre 5,5 y7,5, aunque puede llegar a soportar hasta un pH 8. El contenido en caliza activa debe ser inferior al 8%, si no fuese así podrían aparecer problemas de clorosis en la planta. Tolera mal la salinidad, tanto del suelo como del agua de riego. El avellano no se da bien en terrenos excesivamente arenosos ni en los terrenos arcillosos donde puede verse afectado por las aguas estancadas, adquiriendo la planta un desarrollo limitado. Tampoco en suelos de mal drenaje, poco profundos, pesados o delgados así como calcáreos. Para facilitar la recolección son preferibles suelos poco pedregosos y terrenos bien nivelados. En general, las pendientes tienen que ser inferiores al 10%.

Necesidades hídricas

El avellano es muy sensible a la sequía, y si las tierras son excesivamente calcáreas y de naturaleza seca puede resentirse por la falta de humedad. A la más ligera sequía, es muy frecuente la caída prematura del fruto, y la cosecha puede verse reducida. Las mayores necesidades de agua se dan en el período comprendido entre mayo y julio, ya que en esta época tiene lugar la fecundación, la inducción floral y el crecimiento del grano. En climas mediterráneos, el avellano para proporcionar producciones aceptables se tiene que cultivar en regadío o secanos con pluviometrías medias superiores a 600 mm.

Polinización

Por ser una especie de polinización anemófila, los vientos suaves en la época de floración (enero-febrero) le favorecen; contrariamente, las nieblas prolongadas durante este periodo perjudican al avellano. En los climas de atmósfera seca, las cosechas estarán más aseguradas que en los climas de atmósfera húmeda, donde se dan estas nieblas prolongadas, que hidratan el polen, y que son causa de que se pierda parte de la cosecha. La mayoría de los cultivares de avellano son autoincompatibles, por tanto en las plantaciones comerciales deberán plantarse dos o más variedades intercaladas.

José Antonio Sotomayor

Ingeniero Agrónomo de Sembralia.

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