España es uno de los países con mayor despliegue fibra óptica, con más de 35 millones de accesos (80%), aunque el reparto no es equitativo[1].

En las zonas rurales, aproximadamente el 60% de los hogares no cuentan con conexión de banda ancha (mayor a 30Mbps). La UE también ha expresado su visión en materia de banda ancha, y prevé que todos los hogares europeos deberían estar cubiertos por redes digitales capaces de proporcionar una conectividad de 100 Mbps, de aquí a 2025.

Para alcanzar los objetivos en términos de conectividad, será necesaria una inversión total (privada y pública) de alrededor de 500 mil millones de euros hasta 2025.

Por tanto, la revolución tecnológica que plantea la transformación digital se convierte en una ventana de oportunidad en todos los sectores (y en el agrícola, en particular, ya que se trata de la industria menos digitalizada.

Según refiere el Indice de Oportunidad Económica Digital (DEO) desarrollado por Accenture, acelerar la transformación digital podría incrementar el PIB de España en 48.500 millones de dólares adicionales en 2021, un 3.6% más de lo previsto[2]).

El cambio de paradigma que propone la transformación digital está provocando que – de nuevo – el sector agrícola acumule cierto interés por jóvenes que están empezando a ver la repoblación rural como posibilidad de futuro. De hecho, el sector agroalimentario español está constituido por unas 900.000 explotaciones agrarias y más de 28.000 industrias alimentarias, de las que más del 95% son PYMES. Su liderazgo en los mercados mundiales, su potencial exportador (con más de 50.000 millones de valor exportador en el último año móvil), su contribución a la creación de riqueza y empleo (2 millones de puestos de trabajo), su condición de ser la principal actividad económica en el medio rural, y su directa relación con el éxito de otros sectores como el turístico y el sector servicios, lo convierten en un sector estratégico para nuestra economía.

En definitiva, la tecnología que ha sido testada con éxito en diferentes países cuenta en España con un importante campo de desarrollo, lo que se traduce en una reducción de costes, optimización de recursos y maximización de beneficios. La adopción temprana de tecnologías va a ser un marcador claro de desarrollo de la riqueza en el campo. Los países que se queden atrás se verán desfavorecidos por dinámicas competitivas nuevas que les dejarán escaso margen de maniobra.

Desde el punto de vista territorial y social, el medio rural español ocupa el 84% del territorio pero, en él, sólo habita el 16% de la población.

En la península ibérica hay 66.000 km2 de territorio continuo con densidades de población inferiores a los 8 habitantes/km2, lo que la Unión Europea cataloga como, “regiones escasamente pobladas”. En el caso del trabajo en el campo, su atractivo principal reside en la variedad de nuevos trabajos que ofrece el entorno digital (al ser menos exigentes, lo que supone una indiscutible mejora frente a la agricultura tradicional). Las nuevas tecnologías agrarias ofrecen un buen balance entre calidad del trabajo y calidad de vida que resulta especialmente interesante para los jóvenes.

[1] https://www.elindependiente.com/economia/2018/05/27/la-espana-desconectada/

[2] https://www.accenture.com/_acnmedia/PDF-59/Accenture-Strategy-Digital-Transformation.pdf#zoom=50

[3]  Aproximado según estudio de mercado: 2.000€ fijos (web) y 200 anuales (alojamiento)