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Breve diccionario de términos para acercarse a la transformación digital de la agricultura

En los últimos años se han perfeccionado diversas tecnologías de naturaleza digital, que en estas circunstancias que actualmente vivimos están demostrando ser tremendamente eficientes. De hecho, cualquiera de ellas, por sí sola, hubiera supuesto una verdadera revolución, pero es que además esas tecnologías en su conjunto están demostrando que son capaces de mejorar el sistema que conocíamos hasta ahora. El sector primario, tan castigado por el sistema, se encuentra ahora en posición de salir triunfante de esta crisis precisamente gracias a las nuevas tecnologías

Todo esto nos lleva a pensar que no estamos en una era de cambios, sino un verdadero cambio de cambio de era. Las circunstancias obligan, ahora más que nunca, a adaptarse a los nuevos tiempos. Sabemos que el ser humano, en general, suele ser reacio a los cambios, pero debemos tener en cuenta que en muchas ocasiones los cambios traen importantes ventajas y mejoras, como se está demostrando. 

El sector de la agricultura es precisamente uno de los segmentos que más se puede beneficiar de la transformación digital, pero es normal que al acercarnos a las nuevas tecnologías nos encontremos con términos complejos que nos alejan de ellas. Es el momento de pararnos a pensar en qué es realmente la digitalización, qué mejoras propone y en qué consisten estas nuevas tecnologías que tantos beneficios pueden aportar al sector agroalimentario. En unas pocas líneas vamos a aproximarnos a algunos conceptos que son fundamentales para todos aquellos que quieren saber más de la digitalización del sector agrario

1. Big Data: mucho más que recoger datos 

Partamos de la base: tradicionalmente el cultivo de la tierra se hacía por intuición, y acumulando la sabiduría obtenida a través de muchos años de labranza. Digamos que el conocimiento se transmitía de generación en generación de manera directa, verbalmente y de padre a hijos. Esto no sólo pasaba en el campo, también en el comercio se repetía una frase: “hacer las cosas como toda la vida”. ¿Y cómo se conseguía esa experiencia para saber hacer las cosas bien? Pues a través del tiempo y del ensayo (con un sistema muy elemental de prueba y error, o lo que es lo mismo: analizando la causa-efecto). Ese es precisamente el conocimiento que nuestros antepasados tenían en el cabeza, la sabiduría popular basada en sus experiencias.  

Nuestros abuelos analizaban lo que le ocurría al campo (mediante la observación) y detectaban su causa (hacían su diagnóstico). Y en base a ello, decidían qué iban a hacer al día siguiente (prescribían la actividad) con la esperanza de tener un buen resultado en el futuro inmediato (predecir la cosecha). Quizás sorprenda saber que el Big Data se basa precisamente en eso: es un sistema para observar, diagnosticar, prescribir y predecir. 

Y es que cuando hablamos de Big Data nos estamos refiriendo a la capacidad de obtener, clasificar, gestionar y optimizar millones de datos para (con aquellos que son apropiados) obtener una información provechosa con un gran valor. Se podría decir que hoy en día hemos perfeccionado estos conocimientos (y el método de nuestros abuelos) gracias a la acumulación de datos, y aplicando técnicas científicas. Por eso, son muchas las explotaciones agrícolas que a día de hoy cuentan con sensores de campo para observar, diagnosticar, prescribir y predecir. 

2. IoT: Internet de las cosas 

Como su nombre indica, el llamado Internet de las Cosas (IOT) es simplemente permitir que los objetos (las cosas) funciones autónomamente gracias a Internet, y otros elementos tecnológicos. Pensemos en las estaciones meteorológicas, los sistemas de guiado por Internet, monitorización del riego, o el mapeo de las explotaciones. 

Estamos hablando de poner sensores en casi cualquier cosa, para que sean capaces de recoger información y transmitirla electrónicamente de manera autónoma. (Imaginad la camiseta de un deportista que pudiera captar datos sobre el rendimiento, las pulsaciones, sudoración, etc. del corredor que la lleva puesta). Esos objetos ahora digitalizados, captan muchos datos, pero sin un buen análisis y estructuración, no nos sirven para nada. Ese estudio posterior es el llamado data analitycs, que es imprescindible para llegar a conclusiones concretas. 

3. Inteligencia Artificial 

La mente humana tiene una capacidad limitada. Y sabemos que, a la hora de analizar datos, no puede recoger, almacenar y analizar millones de datos (a veces en microsegundos). Sin embargo, la mente humana ha sido capaz de desarrollar una máquina que sí lo consiga, hablamos ahora de la inteligencia artificial.  

La IA es el apelativo genérico que se da a una serie de tecnologías que sirven para emular capacidades que tradicionalmente estaban ligadas de manera exclusiva al intelecto humano. Pero, por ser más concreto, la inteligencia artificial no son más que programas y procesadores, creados por el hombre, capaces de analizar, aglutinar, diferenciar y clasificar datos. Pero no solo eso, a día de hoy la inteligencia artificial permite a la maquinaria incluso autoprogramarse, para ayudarnos y dar soporte en ese proceso de obtención de información.  

4. Machine Learning 

Hoy a través del aprendizaje automático de los ordenadores, ellos mismos pueden agrupar y estructurar datos para definir pautas y tendencias con las que después hallar soluciones por sí solos. Por así decirlo, los ordenadores son inteligentes porque detectan patrones, y proponen alternativas. Los robots son el primer ejemplo que nos viene a la mente al pensar en el aprendizaje de las máquinas. Lo cierto es que ahora no tenemos que pensar en los robots como unos muñecos de metal hechos a imagen del hombre, sino que robots son también esas máquinas autónomas que son capaces de mapear un terreno sin ni siquiera estar conducidos ni guiados, sino autónomamente, gracias al machine learning

En la revista de Asaja Nacional (correspondiente al mes de Abril de 2020) encontráis este y otros artículos interesantes sobre agricultura y ganadería).


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La tecnología ha transformado la forma de comunicarnos, de informarnos, y también de transaccionar: de comprar y de vender.

En los últimos años se han perfeccionado diversas tecnologías de naturaleza digital. Cualquiera de ellas, por sí sola, hubiera supuesto una verdadera revolución, pero en realidad existe una conjunción de tecnologías que realmente nos llevan a pensar que no estamos en una era de cambios, sino un verdadero CAMBIO DE ERA.

En nuestra industria tendemos a decir que la transformación digital no nos afectara demasiado, que esto es un negocio de personas, tradicional y que por supuesto tenemos que adaptar algunas cosas pero que no se deberían producir grandes cambios.

Algo parecido pensaban grandes compañías como Kodak, o grandes monstruos de la distribución, como la cadena de almacenes más grande del mundo, la americana SEARS, hoy quebrada. En realidad, hemos visto sectores en los que se ha cambiado completamente la forma de actuar, dejando fuera a las compañías que no lo supieron aceptar o que simplemente no supieron adaptarse.Hablamos de industrias como la distribución al por menor, las agencias de viajes, la publicidad, el inmobiliario, la prensa… Ellos también pensaban que no les iba a afectar, como muchos también lo dijeron en nuestro sector: el agroalimentario.

Sin embargo, hoy sabemos que las nuevas tecnologías, las nuevas formas de comunicación y la sociedad global, hacen de este es un proceso imparable, la conectividad, la comunicación, la capacidad para analizar datos, pero (y sobre todo) la movilidad, que lo ha puesto todo al alcance de cada uno de nosotros y nuestros smartphones.

De ayer a hoy 

Ya en el año 1967, Roger Moore publicó su famosa ley por la que preveía que el tamaño de los transistores (los chips) se reduciría a la mitad cada dos años aproximadamente (es decir, la capacidad de computación y la velocidad se duplicarían cada dos años). Y se ha cumplido. Es más, creemos que con la computación cuántica seguirá duplicándose, y los ordenadores (dentro de unos pocos años) serán un millón de veces más potentes que hoy… (y eso hará que la tecnología sea más barata y accesible para todos.)

Gracias a ello aparecen nuevas herramientas que hoy nos permiten captar y analizar gran cantidad de datos (eso es el llamado Big Data). Captamos múltiples datos, tanto internos, como externos.

El llamado Internet de las Cosas (IOT) no es más que la sensorización de distintos dispositivos, que nos permiten recoger datos, datos que hay que filtrar y seleccionar, realmente lo importante no solo son los datos sino lo que se llama data analitics.

Para ello, para poder analizar millones de datos (a veces en microsegundos) necesitamos hacerlo a través de programa y procesadores que incluso se autoprograman: la llamada inteligencia artificial.

Obviamente todos estos cambios, este futuro del que hablamos, no aparecerán de un día para otro, aunque la tecnología ya está disponible. Existe un proceso de maduración no solo de la tecnología, sino de los actores para que esto se generalice. Quizás vayamos poco a poco, y un día todo habrá cambiado sin apenas darnos cuenta. Pero, sin duda, tenemos que estar preparados, atentos a lo que pasa para adaptar nuestro modelo de negocio al futuro y no verlo como una amenaza, ni como un miedo.

En un primer momento se dijo que la Revolución Industrial destruiría el empleo, cuando realmente lo maximizó. Hay que ser optimistas digitales, porque todas estas tecnologías generarán más riqueza, más calidad de vida y, en definitiva, un entorno de trabajo y una sociedad más sostenible y mejor.

Daniel Martínez, CEO de Sembralia.

*Este texto es un extracto de la conferencia impartida por Daniel Martínez en la Bolsa Internacional de Cereales del Duero, el pasado 12 de septiembre de 2019, en Valladolid.


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