Agosto es uno de los meses más exigentes para el olivar. Las altas temperaturas, la elevada radiación solar y, en muchas zonas, la escasez de precipitaciones hacen que los olivos tengan que afrontar unas condiciones especialmente duras.
Aunque el olivo es un cultivo perfectamente adaptado al clima mediterráneo y capaz de soportar periodos prolongados de sequía, la falta de agua y las temperaturas extremas pueden afectar al desarrollo de la aceituna, al estado vegetativo del árbol y, en determinadas circunstancias, a la producción final.
Por ello, durante el mes de agosto es fundamental vigilar el estado del olivar, optimizar el riego y prestar atención a la nutrición. No se trata simplemente de aportar más agua o más fertilizante, sino de adaptar el manejo del cultivo a las condiciones reales de cada parcela.

¿Por qué agosto es un mes tan importante para el olivar?
Durante el verano, el olivo continúa desarrollando la aceituna mientras debe soportar temperaturas que pueden superar fácilmente los 35-40 ºC en muchas zonas productoras.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad ambiental, viento y ausencia de precipitaciones incrementa la demanda de agua del cultivo.
Cuando el agua disponible en el suelo no es suficiente para compensar esa demanda, aparece el denominado estrés hídrico.
El árbol dispone de mecanismos naturales para reducir la pérdida de agua. Por ejemplo, puede cerrar parcialmente los estomas de las hojas y reducir su actividad fisiológica. Estos mecanismos permiten al olivo sobrevivir en condiciones de sequía, pero cuando el estrés se prolonga pueden terminar afectando al crecimiento y al desarrollo del fruto.
¿Es recomendable utilizar fertilizantes durante el verano?
Sí, pero siempre que exista una necesidad nutricional y se utilicen productos adecuados para el cultivo y el momento de aplicación.
Una planta sometida a un estrés severo no siempre responderá mejor simplemente porque aumentemos la cantidad de fertilizante.
Por ello, es importante diferenciar entre:
Estrés hídrico: falta de disponibilidad de agua.
Estrés térmico: temperaturas excesivamente elevadas.
Deficiencia nutricional: falta de uno o varios nutrientes.
Problema sanitario: presencia de plagas o enfermedades.
Los síntomas pueden parecerse entre sí, por lo que antes de realizar un tratamiento conviene intentar identificar correctamente el origen del problema.
El potasio: un nutriente especialmente importante en el olivar
El potasio es uno de los nutrientes fundamentales para el olivo y adquiere especial importancia durante el desarrollo del fruto.
Entre otras funciones, participa en la regulación del balance hídrico de la planta y en diferentes procesos relacionados con el transporte y utilización de nutrientes.
Por ello, el potasio suele tener un papel destacado dentro de los programas de fertilización del olivar.
Sin embargo, aportar potasio no sustituye al riego.
Si el árbol está sufriendo un déficit hídrico importante, la prioridad debe ser corregir, en la medida de lo posible, el problema relacionado con el agua.
La fertilización debe formar parte de una estrategia completa y ajustada a las necesidades reales del cultivo.
Bioestimulantes y aminoácidos: ¿pueden ayudar al olivo?
Los bioestimulantes pueden formar parte de una estrategia de manejo frente a situaciones de estrés, siempre teniendo claro que no sustituyen ni al agua ni a una fertilización equilibrada.
Determinados productos formulados con aminoácidos, extractos vegetales, algas u otros componentes pueden utilizarse para apoyar determinados procesos fisiológicos de la planta.
Su utilización puede ser especialmente interesante dentro de programas destinados a ayudar al cultivo a recuperarse después de periodos de estrés.
Como siempre, es fundamental respetar:
- Dosis indicada por el fabricante.
- Momento de aplicación.
- Forma de aplicación.
- Compatibilidad con otros productos.
- Condiciones meteorológicas.
El papel de la materia orgánica en el suelo
El manejo del suelo también tiene una gran importancia en la gestión del agua.
Un suelo con un buen contenido de materia orgánica puede presentar mejores condiciones físicas y una mayor capacidad para retener agua y nutrientes.
Por este motivo, el mantenimiento de la materia orgánica debe contemplarse como una estrategia a medio y largo plazo.
No se trata de solucionar el estrés hídrico de agosto aplicando materia orgánica de forma puntual, sino de trabajar progresivamente en la calidad del suelo.
La incorporación de materia orgánica, el manejo adecuado de cubiertas vegetales y la reducción de determinadas prácticas que deterioran la estructura del suelo pueden formar parte de una estrategia de agricultura más eficiente en el uso del agua.
Cuidar el olivo en verano es cuestión de equilibrio
El olivo es uno de los cultivos más resistentes al clima mediterráneo, pero resistencia no significa ausencia de necesidades.
Durante agosto, las altas temperaturas y la falta de agua pueden poner a prueba al cultivo. Una gestión adecuada del riego, un seguimiento constante del estado de los árboles y una nutrición equilibrada pueden ayudar a que el olivar afronte mejor esta etapa.
La clave está en observar, detectar y actuar a tiempo.
No todos los olivos necesitan lo mismo, ni todos los problemas se solucionan aplicando un fertilizante. Antes de realizar cualquier tratamiento es importante identificar correctamente la causa del problema y utilizar productos autorizados para el cultivo, respetando siempre las dosis, condiciones de aplicación y recomendaciones de la etiqueta.










