La base de un cultivo sano
Un suelo que se encuentre bien estructurado es la base para que cualquier tipo de huerto, jardín o frutal se desarrolle de la manera correcta.
Generalmente se suele prestar mas atención a la parte superior de la planta, que aunque esto también es importante para su desarrollo, la salud del suelo se convierte en un factor determinante para la absorción de nutrientes, el desarrollo radicular y la resistencia frente al estrés climático.
El invierno es el momento ideal para trabajar el suelo y mejorarlo, preparando el terreno para una primavera mas productiva.

El significado de tener un buen suelo estructurado
Tener un suelo con una buena estructura nos proporciona una gran cantidad de ventajas ya que permite una correcta aireación de las raíces, retiene el agua a la vez que reduce la posibilidad de encharcamientos, facilita la absorción de nutrientes y favorece la actividad de microorganismos beneficiosos.
Sin embargo, si tenemos un suelo compactado o que es pobre en materia orgánica acaba dificultando el crecimiento de las raíces y limitando el desarrollo del cultivo.
Pasos para mejorar la estructura del suelo
Lo primero que debemos hacer es observar el suelo para poder ver las características actuales fijándonos en si el suelo se encuentra dura o compactado, si se forman charcos al regar, observar si al tierra se agrieta fácilmente y finalmente saber si hay presencia de lombrices o vida microbiana. Todas estas señales nos van a indicar que el suelo necesita un aporte de materia orgánica y una mejora estructural.
El siguiente paso es centrarnos en airear el suelo sin dañar las raíces realizando labores superficiales evitando así trabajos profundos que puedan dañar el sistema radicular mejorando la entrada de oxígeno, facilitando la filtración del agua y reduciendo la compactación siendo un paso muy importante en suelos que son arcillosos o muy pisados.
Una vez hemos realizado los dos pasos anteriores vamos a aportar materia orgánica, fertilizantes orgánicos o bioestimulantes que ayudan a activar la microbiología del suelo, mejorar la absolución de nutrientes y reducir el estrés de las plantas durante los meses fríos trabajando de forma gradual y respetuosa con el suelo favoreciendo su regeneración natural.
Finalmente debemos mantener esta estructura del suelo ya que mejorar el suelo no es una acción puntual sino que es un trabajo continuo. Para poder mantener esta estructura debemos evitar pisar el suelo cuando este se encuentre húmedo, realizar aportes regulares de materia orgánica, ajustar el riego para evitar compactaciones y pérdidas de nutrientes y observar la respuesta de las plantas y del suelo.

Beneficios de un suelo bien estructurado
Un buen tratamiento del suelo durante la temporada invernal permite que las raices se desarrollen de manera mas fuerte y profundas, sean mas resistentes al estrés y se aprovechen de mejor manera los fertilizantes, proporciona un mayor vigor en la brotación primaveral y acaba formando unas cosechas mas equilibradas y de mayor calidad.
En conclusión mejorar la estructura del suelo es una de las mejores decisiones que se pueden tomar para la salud de los cultivos. El invierno es uno de los momentos perfectos para hacerlo permitiendo trabajar el terreno con calma y preparando una base solida para la próxima temporada dando como resultado plantas fuertes y productivas.










