17 junio | Día Mundial de lucha contra la desertificación y la sequía
El agua es clave para el futuro del campo español
Organizaciones ambientales y agrarias alertan del riesgo de debilitar la normativa europea en plena sequía
España se enfrenta a uno de los mayores retos estructurales para su agricultura: la disponibilidad de agua en cantidad y calidad suficiente. En este contexto, más de 270 organizaciones sociales, ambientales y de consumidores han alzado la voz para reclamar que no se debilite la principal norma europea que protege los recursos hídricos: la Directiva Marco del Agua (DMA).
Coincidiendo con el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (17 de junio), estas entidades han pedido al Gobierno de España que rechace cualquier intento de flexibilizar la normativa europea, especialmente en lo relativo al principio de no deterioro de las masas de agua.
El agua, en el centro del futuro agrario
Para el agricultor español, la situación no es ajena. La combinación de sequías recurrentes, sobreexplotación de acuíferos y degradación de ecosistemas está afectando directamente a la viabilidad de muchas explotaciones agrícolas.
De hecho, proteger ríos, acuíferos y humedales no es solo una cuestión ecológica, sino también agraria, ya que:
- Garantiza disponibilidad de agua para riego
- Reduce la vulnerabilidad de los cultivos frente a sequías prolongadas
- Mejora la calidad del agua utilizada en las explotaciones
- Favorece la estabilidad a largo plazo del sector
En otras palabras, sin agua en buen estado, no hay agricultura viable.
Una de las principales preocupaciones del sector es la posible modificación de la Directiva Marco del Agua por parte de la Unión Europea. Bajo argumentos como la simplificación administrativa o el impulso a industrias estratégicas, se plantea abrir nuevas excepciones o reducir exigencias. Además, advierten de una paradoja: mientras Europa promueve políticas de resiliencia hídrica y adaptación al cambio climático, una relajación normativa sería incoherente con estos objetivos.
Lejos de necesitar una reforma, las organizaciones coinciden en que el principal problema es otro: la falta de aplicación efectiva de la normativa actual.Por ello, proponen centrar los esfuerzos en:
- Ejecutar correctamente los planes hidrológicos
- Invertir en infraestructuras y medidas de gestión eficiente del agua
- Prevenir la contaminación en origen
- Restaurar ecosistemas fluviales y humedales
- Mejorar el seguimiento del estado de las masas de agua
Además, recuerdan que la normativa vigente ya contempla excepciones para proyectos de interés público, siempre que se justifiquen y se minimicen sus impactos.

Cinco claves para la defensa del agua (y del campo)
De cara a las próximas decisiones europeas, el sector plantea cinco prioridades que afectan directamente al futuro agrario:
- Mantener el principio de no deterioro de las masas de agua
- Asegurar financiación suficiente para los planes hidrológicos
- Evaluar con rigor nuevas actividades industriales o mineras
- Proteger las actividades agrarias sostenibles dependientes del agua
- Evitar que la competitividad económica se base en reducir exigencias ambientales
En un país especialmente vulnerable como España, la desertificación y la sequía no son escenarios futuros, sino una realidad presente, tal y como reclama una de las entidades firmantes del manifiesto, que es la Fundación Nueva Cultura del Agua.
Para el agricultor, este debate no es ajeno. Afecta directamente a:
- La disponibilidad de agua de riego
- El coste de producción
- La planificación a medio y largo plazo
- La sostenibilidad de las explotaciones
Está claro que la gestión del agua marcará el futuro del campo en España. En un contexto de cambio climático, apostar por normas más laxas puede suponer un riesgo a largo plazo. El camino, según estas organizaciones, pasa por cumplir mejor lo que ya existe, invertir en eficiencia y proteger los recursos hídricos. Porque sin ríos, acuíferos y humedales en buen estado, no hay resiliencia… ni agricultura posible.












