Reserva de agua en el Parque de Doñana (España)

Entrevista a Jesús M. Paniagua, autor del libro ‘Agua: Historia, tecnología y futuro’

La gestión del agua, un recurso natural elemental en la agricultura, generalmente está en entredicho. Muchos son los que desconocen que el ser humano, a lo largo de su Historia, se ha esforzado por optimizar su uso, para ser lo más eficientes posibles. Somos conscientes de que el agua es un bien preciado, y como tal lo debemos cuidar.

También así lo considera Jesús M. Paniagua, que es el autor del libro ‘Agua: Historia, tecnología y futuro’, publicado por la editorial Almuzara, en su sello Guadalmazán, en este año 2023. De una manera amena y cercana, este libro nos ofrece información sobre el agua, porque todos estamos familiarizados con ella, pero no todo el mundo conoce cómo se gestiona. Por eso, en este libro se habla de ingeniería del agua para no ingenieros, con lo que podremos adentrarnos en una serie de cuestiones no exclusivas del sector primario.

Agua: Historia, tecnología y futuro’ aborda también cuestiones relacionadas con la sostenibilidad, como el uso de tecnología vinculado al agua o el funcionamiento de las desalinizadoras. En definitiva, todas aquellas inquietudes que podamos tener sobre este factor de producción.

 

Agua, recurso natural para el ser humano

Portada del libro 'Agua: historia, tecnología y futuro'

En primer lugar, hablemos del agua como recurso natural fundamental para el ser humano, ¿Qué papel juega el agua en la agricultura?

El agua es la base de la producción de alimentos, ya sea simplemente el agua de lluvia o bien la que nosotros aportamos con el riego.

Lo significativo es que las tierras de regadío son un 20% del total del suelo agrícola, y sin embargo generan el 40% de la producción agraria en el mundo. Y eso es porque el regadío consigue dos cosas: aumentar la producción (puede duplicarla, triplicarla o incluso más) y, casi más importante, dar seguridad a las cosechas.

El regadío garantiza tener alimentos. Por eso es vital.

 

¿Cómo ha sido, a lo largo de la Historia, el uso del agua en la agricultura en España?

El regadío tiene un origen muy remoto en España, comenzando por las infraestructuras hidráulicas de la Hispania romana, tan avanzadas para su época. Aún se conserva en uso el embalse romano de Proserpina, del siglo II. En el periodo musulmán se incorporaron las técnicas más avanzadas de los antiguos regadíos de Egipto y Siria, con la introducción de la noria y los sistemas extendidos de acequias y azudes. Y en siglos posteriores, se fueron construyendo algunos de los canales que serían la infraestructura básica, como la Acequia Real del Júcar del siglo XIII o el Canal Imperial de Aragón en el XVIII, en su momento la mayor obra hidráulica de Europa.

Pero cuando comenzó a cambiar la agricultura de forma definitiva fue a finales del XIX. Con la corriente regeneracionista, la política hidráulica pasa a ser una política central, y por primera vez el Estado intervino en la transformación en regadío. La agricultura extensiva tradicional empieza a transformarse en agricultura moderna e intensiva. El siglo XX es el del gran desarrollo del regadío, con la construcción de centenares de embalses y las grandes zonas regables planificadas. Se expanden las comunidades de regantes, como estructura organizativa para el riego colectivo. Y al final de siglo llegan grandes cambios legales y de planificación: la nueva Ley de Aguas y con ella el Plan Nacional de Regadíos, los planes hidrológicos de cuenca y el Plan Hidrológico Nacional. Y también la tecnificación, con la expansión del riego localizado y las herramientas de control. Hemos evolucionado mucho.

 

¿Se podría decir que aprender cómo utilizar el agua -riego- cambió el curso de la Historia?

Sin duda. Está claro que la historia humana empezó a desarrollarse desde las cuatro grandes civilizaciones hidráulicas del pasado: Egipto, Mesopotamia, el valle del Indo y el río Amarillo. El regadío empezó hace unos 7.000 años en Mesopotamia, lo que hoy es Irak, y de ahí la tecnología se fue extendiendo a las otras zonas; menos China, que se desarrolló independientemente algo después. Todas tienen en común la disponibilidad de grandes caudales de agua -de un gran río- en tierras llanas, fértiles y cálidas. Condiciones ideales para que muy pronto fuera posible aprender a manejar el agua, obtener grandes cosechas y, con tantos excedentes, generar culturas cuyas obras han perdurado en los siglos.

Así que el nacimiento de la civilización está ligado a esta nueva forma de producción, porque, por sí misma, dio lugar a cambios tecnológicos y sociales decisivos: genera la necesidad de actuar en comunidad para las grandes obras, lo que conduce a organizaciones complejas y sistemas de leyes. Aparecen las primeras ciudades, que se convierten en focos de producción de bienes, lugares de defensa y centros de poder. Y se producen avances decisivos en el conocimiento, muchos ligados a la agricultura: la astronomía (es necesario conocer con detalle los ciclos estacionales), los sistemas de cálculo (la geometría surge para la medición del suelo y la aritmética para la contabilidad de los productos), la escritura (para la contabilidad y los contratos)… Toda nuestra forma de organización nace con las civilizaciones hidráulicas.

 

Uso del riego en la agricultura

Uso del agua en la agricultura

Respecto al consumo de agua en agricultura y ganadería, un tema controvertido, ¿Cree que se está demonizando al sector primario? ¿Cómo podríamos hacerlo mejor?

Creo que hay un problema hoy en día a este respecto: resulta que con solo el 2% de la población laboral somos capaces de producir toda nuestra comida; hace un par de siglos, era necesaria el 60-80% de la población para ello.

¿Y qué significa esto? Pues que nos hemos vuelto tan eficientes, que no valoramos la producción de comida, que la damos por supuesta. Y además, que cada vez hay menos personas ligadas a ese sector agrario, por lo que cada vez más gente desconoce profundamente sus necesidades, su valor, sus peculiaridades. No olvidemos que, en España, el 80% de la población vive en ciudades: somos una sociedad urbanita, desligada del campo y su mundo, porque nos da de comer sin rechistar. No era así hace dos generaciones. Así que cada vez más se expanden imágenes idílicas y falsas del “mundo natural”, imágenes de fin de semana. Y sí, en parte se demoniza al sector primario como si se dedicara a destruir la naturaleza, cuando es clave para su cuidado.

¿Y qué podemos hacer? Pues necesitamos dar a conocer el valor de la producción de alimentos, que esa parte decisiva que sostiene nuestro mundo cale en la sociedad, como en su día caló la protección del medio ambiente. Porque si no, lo iremos conociendo por vías menos agradables. Si el campo sufre, producirá menos comida y ésta será más cara. Ya lo estamos viendo.

 

A la hora de hablar de trasvases y plantas de tratamiento, cabe preguntarse: ¿están bien establecidas en nuestro país las normas para el buen uso de agua en la agricultura?

Sí, España tiene un larguísimo historial de gestión del agua, y es uno de los países punteros del mundo en ese ámbito. Por ejemplo, fue uno de los primeros en establecer una herramienta de gestión tan exitosa como las Confederaciones Hidrográficas, que tienen casi un siglo de antigüedad. La gestión por cuencas naturales es un acierto que sigue expandiéndose a otros países, incluso el modelo fue posteriormente asumido por la Unión Europea en la Directiva Marco del Agua, por la que todos los países miembros deben gestionar el agua por este sistema.

En España se da la confluencia de dos características: somos un país avanzado, y a la vez en un entorno de escasez de agua en muchas regiones, así que con el tiempo hemos desarrollado mucha tecnología al respecto. Esa combinación se da en otros lugares como Israel, Australia o California, con los que estamos en el grupo de cabeza. El regadío español es muy avanzado: el 78% del regadío es a presión (en Israel es el 80%). 

Aunque, por supuesto, no es perfecto. A veces, nos encontremos casos graves de incumplimiento de unas normas que están bien establecidas. Pero lo bueno es que tenemos el sistema para llevar las cosas a su cauce, aunque cueste tiempo y esfuerzo, como pasó por ejemplo con la recuperación del acuífero de La Mancha Oriental, un ejemplo a nivel mundial. Otras veces, como está pasando en Doñana, hay una combinación de lentitud administrativa, incumplimientos permanentes y presiones políticas, que hacen que el problema no acabe de resolverse. Pero estoy seguro de que se irá solventando de la misma manera. Hay que poner presión en esos casos.

 

A día de hoy, ¿Cuál cree que sería el principal problema relacionado con el uso del agua en la agricultura?

Creo que el principal problema es la escasez del recurso. No es una escasez generalizada ni constante, pero hay áreas muy productivas que tienen problemas periódicos de sequía. Esto, evidentemente, no es algo nuevo, es un fenómeno estructural, pero es probable que sea algo más frecuente en el futuro. De momento, las sequías no son más frecuentes que en el pasado (pese a lo que se oiga en la prensa generalista), pero sí se prevé que sea así en el futuro, y además el progresivo aumento de temperaturas puede hacerlas más duras. Así que la tecnología tiene que orientarse a resolver ese problema.

Por otro lado, la demanda de agua para riego ha aumentado muy poco en la última década, un 8%, mientras la superficie de regadío ha aumentado un 12% desde 2010. Y es que cada vez más superficie de ese regadío es de alta eficiencia: ya es más de la mitad. El riego por gravedad es ahora solo el 22% del total, y ahí se incluyen cultivos como el arroz que no tienen alternativa. 

 

En cuanto a la sostenibilidad y el uso de recursos naturales, ¿cree que está en peligro el suministro? ¿podemos llegar a agotarla?

Siempre nos adaptaremos a lo que tenemos disponible. Aunque no es lo mismo Almería que Asturias, en conjunto disponemos de una cantidad de agua muy respetable, una precipitación media de 650 mm/año. Cada vez seremos más eficientes en el uso, y seremos capaces de generar más recursos alternativos, como agua desalada o reutilizada. Esto no es una profecía, es la tendencia constante que se observa en las últimas décadas. Así que el agua no se agotará, nos adaptaremos nosotros.

Fertirrigación

Gestión del riego, y otras cuestiones de futuro

Mirando a futuro, ¿Qué ventajas, además de las que ya conocemos, nos puede traer el agua? ¿Sería posible usarla como fuente de energía real?

El agua es un tesoro, lo es todo para los seres vivos, así que no creo que podamos esperar nuevas ventajas de algo que ya es crítico para la vida desde su mismo origen. En cuanto a su capacidad de generar energía, ya la usamos como una fuente renovable: la energía hidroeléctrica nos acompaña desde hace más de un siglo y sigue aumentando en el mundo. Es una fuente muy segura y continua, aunque en climas como el nuestro presenta bastante variabilidad de un año a otro: en España puede suponer desde el 10 al 18% de la generación eléctrica.

El agua también será la base de la generación de hidrógeno, aunque eso no es una fuente de energía en sí misma, sino un transportador de energía producida por otros medios. Ahora bien, eso de tener un motor impulsado por agua o cosas de ese estilo que se oyen a veces, mejor lo dejamos para la ciencia ficción, porque me temo que va contra los principios de la termodinámica.

 

Y respecto a la eficiencia a la hora de usar el agua ¿cree que se está haciendo la suficiente investigación como para poder hacer cada vez ‘más con menos’?

La investigación y el desarrollo no se paran, siempre se están haciendo cosas. Es verdad que la eficiencia mecánica en la aplicación del agua probablemente esté cerca de sus límites, en los sistemas más avanzados, aunque no podemos saber qué nos deparará el futuro en cultivos mucho más controlados. Pero por otro lado están los avances en la propia biotecnología de las plantas. Estamos aprendiendo a desarrollar variedades cultivables cada vez más resistentes a la sequía: o necesitan menos agua o pueden resistir periodos secos más largos sin problemas. Por esta vía veremos avances en el futuro.

 

Por último, ¿Qué avances (si los hubiera) podemos esperar para un futuro próximo? ¿Por dónde van los tiros en materia de I+D?

Creo que lo que más va a extenderse es la digitalización, que está ya presente en los campos de cultivo más avanzados. Será una forma nueva de adquisición y manejo de enormes cantidades de datos, que permitirán optimizar los consumos de agua, de fertilizantes…

Veremos extenderse las estaciones meteorológicas en parcela, los sensores de humedad de suelo, los sistemas de monitorización de caudal y presión en las redes de riego, los sistemas de información geográfica, los drones de vigilancia que detectan patrones de necesidades… Un nuevo mundo de adquisición de datos del cultivo en tiempo real. Y todo ello conectado en la nube con sistemas automáticos de toma de decisiones e información en línea a los gestores del riego, que tendrán en su tablet o su smartphone todo lo que necesita saber justo cuando sucede. Esto no es ciencia ficción: ya existe y funciona en muchos sitios. Simplemente se extenderá mucho más, y avanzará la capacidad de los sistemas. Será una agricultura mucho más tecnificada, lo que permitirá mejorar su eficiencia económica y ambiental.

 

Jesús M. Paniagua, autor del libro

 «Ingeniería del agua para no ingenieros»

Jesús M. Paniagua (Soria, 1965) es ingeniero agrónomo y ha dedicado su vida profesional a la ingeniería del medio ambiente, en la planificación, el diseño y la construcción de las instalaciones que nos permiten gestionarlo.

Su experiencia se ha centrado especialmente en el sector de las plantas de residuos y la ingeniería del agua. Ha sido también profesor en la Universidad Politécnica de Valencia, en la Universidad Pública de Navarra y en varios Másteres de temas ambientales.

El conjunto de su carrera se ha desarrollado en España y en países como Brasil, Reino Unido, Marruecos, Rumanía o China, y esa experiencia se decanta en este libro, que es sobre todo divulgativo y sintético.

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